El gobierno brasileño, en plena fase preparatoria para la Conferencia de las Partes número 30 (COP30) que se celebrará en 2025 en Belém, ha anunciado su intención de priorizar la «segunda transición energética». Esta ambiciosa meta se centra en ir más allá de la simple sustitución de fuentes fósiles por renovables, integrando la sostenibilidad en todos los aspectos del sistema energético, incluyendo la eficiencia, la innovación tecnológica y la justicia social. El énfasis se colocará en la creación de un sector energético resiliente y equitativo, capaz de afrontar los desafíos del cambio climático y promover el desarrollo económico inclusivo. El presidente Lula da Silva ha reiterado su compromiso de que la COP30 sea un evento orientado a la acción concreta y no solo a las declaraciones de buenas intenciones.
La estrategia para la segunda transición energética incluye inversiones significativas en investigación y desarrollo de nuevas tecnologías, así como un fuerte impulso a la electrificación del transporte y la industria. Se espera una mayor integración de las energías renovables, particularmente la energía solar y eólica, en la matriz energética brasileña, junto con una planificación inteligente de las redes de distribución para optimizar su eficiencia. Además, se buscará la participación activa de las comunidades locales y las poblaciones indígenas en la planificación y ejecución de los proyectos energéticos, garantizando que los beneficios de la transición sean compartidos equitativamente. El gobierno brasileño espera que la COP30 sirva como plataforma para impulsar la cooperación internacional en materia de transición energética y atraer inversiones sostenibles para el país. La meta es establecer un modelo de desarrollo energético que pueda ser replicado en otras naciones en vías de desarrollo.
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